domingo, 19 de octubre de 2008

La gripe del cinema.


Es domingo por la noche y ando con un resfrío un tanto incómodo. No tengo idea cuál es la causa de este y tampoco me interesa saberla; lo único que me importa, por ahora, es cerrar este caño abierto que funge de nariz, calmar el lloriqueo de niñita que tienen mis ojos y pues finiquitar violentamente el sonido insano que mi garganta produce cada vez que hablo.

Hoy tenía planeado hacer ciertas cosas acá en mi casa: terminar un trabajo de marketing, avanzar con el argumento de una historia, coordinar algunas cosas para el próximo post y comenzar a hacer un video. Ahora, después de dos dosis de Panadol antigripal, ya no tengo ganas -ni ojos- para ninguna de estas. Lo único que se me ocurrió fue escribir algo que podría publicar en unas pocas horas.

Es que los planes cambian y más aun cuando llegan sin avisar. Ayer, con Pamela, creo que no mostré si quiera un infame moquito travieso en mis fosas nasales; tampoco una tos de marica y mi ánimo quejumbroso pues estaba bien sepultado. No se si en la noche, sonámbulo o acalorado, me despojé de las prendas modositas con las que duermo, en posición fetal y con el dedo pulgar derecho en la boca, y esto trajo en mí un enfriamiento que bien podría ser la causa de mi maldito resfrío. Sinceramente no tengo idea alguna.

Así como hoy, en otras ocasiones me ha tocado cambiar de planes cuando mi salud se veía diezmada por un virus malcriado y confianzudo.

El cambio de hoy fue drástico: no hice nada. Bueno, al decir nada hago referencia a lo que mencioné anteriormente. He estado durmiendo y, envuelto en sábanas como momia, he visto un aburridísimo partido de fútbol; tomé una sopa instantánea, me administré otra dosis de Panadol y volví a ver la que es, sin duda alguna, mi película favorita: Cinema Paradiso.

(…)

Mis padres están en la sala de mi casa, comiendo algunas cosillas para matar el hambre, tomando gaseosa y viendo una película en la que Jennifer Lopez pelea como profesional y lanza patadas misma karateca furiosa. No tengo idea como se llama el largometraje pero no me provoca verlo.

Llego arrastrándome a la sala y veo que están atentos al televisor. Voy a la cocina a preparar una sopa instantánea y escucho los alaridos de JLo y sus arrebatados puñetazos pegando en el rostro de un baboso que se deja golpear fácilmente.

Llevo mi plato de sopa a la sala y me siento en un sillón; los fideos están un tanto calientes y el caldo (sabor a gallina) también. La cuchara nada entre los tallarincitos lánguidos y mi tos va aminorando a medida que ingiero el líquido tibio y salado.

Ya con el plato vacío y Jennifer victoriosa, les propongo ver una película. Otra. Mi padre me pregunta si aún tengo ese DVD del que tanto le he hablado.

-¿Tienes esa película que te gusta? Esa antigua… italiana
-¡Ah! ¡Cinema Paradiso!- digo casi sin voz- Claro que sí. La traigo ahora mismo.

Mi madre está cambiando de canales sin ver algo en especial. Se queda viendo algo que creo es un remedo a Indiana Jones o algo similar. Yo, con cautela, abro el reproductor de DVD y pongo el disco de Cinema Paradiso. Lo dejo puesto ya que aún, mi hermana y mi padre, están en la cocina, preparando el almuerzo dominguero que toca deglutir. Aún estando en un sillón, me quedo profundamente dormido y pierdo la concepción del tiempo y espacio.

Después de unos –muchos- minutos, me despierto.

No veo ya a nadie en la sala. Todos están en la cocina y el DVD sigue en stop. La televisión muestra a una niña gringa cantando no se que pachotada y saltando como escaldada.

Me dan el visto bueno para darle play al reproductor. Todos están listos. Mi madre duerme en uno de los sillones.

Comienza la película. La banda sonora me enamora cada vez que la escucho. No es la primera vez que la disfruto.

Las escenas hacen que pierda un poco el sentido del resfrío, me dejo engatusar por Tornatore y creo en todo lo que muestra su obra. Ennio Morricone, como siempre, me hace botar una lágrima congelada.

(…)

Los cambios de planes por problemas de salud siempre son raros creo. Esta vez debo agradecer al resfriado que tengo por haber cambiado mis planes. Las lágrimas de gripe que usualmente son feas y sin sentido alguno, fueron cambiadas por una gustosa lagrimilla cinéfila.

Mi forma de ver los estragos de un pasajero mal de salud ha cambiado para bien. Esperaré tranquilo a que en las próximas horas este flujo nasal vaya disminuyendo y mi tos desaparezca por completo.

Ahora, en otras ocasiones en las que me ataque algún maldito virus y no pueda seguir con mis deberes, prometo cambiar de planes y esperar que, quizás, por ahí aparezca una gustosa lágrima de cinema.
CINEMA PARADISO.
EXTRAORDINARIA PELÍCULA. RECOMIENDO LA VEAN.
EL SOUNDTRACK POR ENNIO MORRICONE. SIMPLEMENTE ESPECTACULAR.

3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

OE franco franco! que te maleaste, ya t ire a cobrar venganza por no escribir tanto tiempo, estabas bailando reggaeton por ahi me han dicho!

22 de octubre de 2008 a las 1:11  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Esa pelicula es buenaaaaaasa, es como q de los 80s o algo por ahi! La gripe es bacan cuando estas en tu casa y no tienes nada q acer, t puedes quedar dormid y ver pelas tomando algo calientes jaaa

23 de octubre de 2008 a las 11:05  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Ya se te habra curado la gripe no? Por estas fechas el clima ha estado hasta el perno y a mi tambien me agarro la gripe, malaso!
Un beso

26 de octubre de 2008 a las 23:10  

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