Equipo de padres.

En el 1992, con cinco inocentes años de edad, ingresé al colegio San Agustín de Lima. Desde ese entonces, haciendo cálculos matemáticos no tan complicados, la promoción adquirió el nombre de ‘Centenario’ ya que en el 2003 terminaríamos los estudios escolares y la escuela cumpliría 100 años de creación.
Ese mismo año, al igual que los anteriores, se convocó a los padres de familia de los recién ingresados a hacer una especie de prueba deportiva. Se acercaron los que, ilusa o acertadamente, pensaban que tenían cierta capacidad para el fútbol y los pulmones suficientes para correr tras un balón por más de media hora. Se juntaron cuarentones, treintones y quizás uno que otro cincuentón consumidor de maca. Entrenaron, corrieron, jugaron, se conocieron. Formaron el equipo de padres de familias de la promoción. Formaron lo que hoy se denomina febrilmente ‘el equipo de los tíos’. Formaron ‘Centenario’.
Creo que mi padre, fanático del fútbol, ese año no sabía del equipo y tampoco del grupo humano formado. Yo, aún con cinco años, tampoco tenía idea alguna de las peripecias de aquellos padres deportistas. Es recién en 1993 que, con las ganas del muchachito futbolero que era y aún es, mi padre comienza los arduos entrenamientos con el equipo de los maduros y correlones masters del balompié amateur peruano.
Confieso que en un principio no sentía las ganas de ver los partidos de aquellos barrigones y a veces no tan varoniles señores. Incluso no entendía las situaciones jocosas en las que, con cerveza en mano, se metían y enredaban cual cómicos ambulantes. Recuerdo que cuando, con la labor de hijo mayor, acompañaba a mi padre a los partidos, pasaba más tiempo jugando con mis compañeros de promoción y ensuciando mis zapatillas ‘Fila’, con una pelota vieja y un tanto magullada, que alentando a los aguerridos integrantes del equipo.
Todas estas cosas cambiaron con el tiempo. Cuando fuimos creciendo, algunos ya no íbamos a ver los partidos ni a jugar en las canchas aledañas con la frecuencia de antes. Pensábamos en otras cosas y ya la idea párvula de andar con nuestros padres resultaba poco decente para el bien social escolar. A veces íbamos, a veces no.
Lo bueno del campeonato confraternidad, es que a pesar que la promoción ha terminado su ciclo escolar, el equipo puede seguir jugando. Esto, claro, si no ha quedado en último lugar, ya que de ser así el nombre desaparece y los jugadores quedan libres para ir hacia otros equipos. Es por esto que, con las ganas de siempre, algunos como yo, nos interesamos por las vivencias y esfuerzos del grupo humano que busca siempre con anhelo batir el arco contrario y, sobre todo, pasarla bien entre chelas y sanguches de chorizo.
No tengo duda alguna que el aliento y el seguimiento incondicional ha aumentado después de nuestra salida del colegio. Al menos yo lo siento así. Quizás es por que nos gusta compartir tiempo con nuestros padres, meternos en la joda, inmiscuirnos en los dimes y diretes, ser partícipes de las bromas de grueso calibre, tomar unas cervezas en son de la confraternidad, dar ligeros gritos en contra del arbitro o porque simplemente somos ‘Centenario’ por los siglos de los siglos, amén.
Aún tengo en mi memoria uno de los momentos más emotivos siguiendo a ‘los tíos’. El año pasado, a pesar de los denodados esfuerzos de los jugadores, los resultados no favorecían a la escuadra mencionada. Estábamos casi en los últimos lugares, al filo de irnos a la baja, al borde de la desaparición de centenario. Quedaban solo dos fechas de las cuales únicamente teníamos una por jugar, ya que la última descansábamos. Una semana antes, mi padre me comenta, con cierto aire a petición, que le diga a mis compañeros de promoción lo importante y descollante que es tener una hinchada en esos momentos. Propagué la noticia con algunos amigos, otros también hicieron lo mismo. El día del encuentro, éramos varios compañeros de promoción, algunos padres que ya no juegan y madres de familia en son de porristas. No recuerdo cual fue el resultado, fue un partido por demás candente e infartante. Los puntos sumados alcanzaban para salvarse de la baja. La barra se metió al campo corriendo y dando alharacas de todo tipo. En un momento los hijos y ‘los tíos’ nos abrazamos en el centro del campo formando una rueda, saltábamos sin cansancio alguno y cantábamos: “No se van… no se van… los tíos no se van”. Me di cuenta que algunos estaban al borde de las lágrimas y otros ya habían roto en llanto.
Tantos recuerdos con los cómicos jugadores. Creo que el grupo humano formado entre padres e hijos es inigualable. No existe equipo similar en este campeonato. Este año, los padres futboleros, andan con algunos refuerzos que se han acoplado como guante al equipo de siempre. Siguen las jodas, siguen las bromas, sigue ‘Centenario’.
Lo único que busco ahora es saludar a los pintorescos señores por el día del padre. Saludar al mío por la responsabilidad y entrega que pone cuando se va a jugar un partido. Que mejor oportunidad que este día para felicitar la formación de esta jauría de maduros deportistas y amigos. Es bueno recordar que la unión entre padres e hijos puede ser muy bacán e interesante, tomarse unas cervezas y andar con bromas de todo tipo, también puede ser un momento genial, que aún de adultos y padres de familia siguen con las mismas tonterías de camerino como si fueran quinceañeros colegiales.
A muchos lectores del blog les interesará poco este tema. Pero espero comprendan que es por un día especial y por una cuestión de fútbol. Es una forma genial de tener presente a nuestros padres, bromear con ellos, compartir con ellos, jugar y alentarlos. Claro, como en todo grupo humano, en ciertas ocasiones las grescas estuvieron presentes, pero sin llegar lejos. Las soluciones se dan en los entrenamientos o en los camerinos con el juego del jabón. La amistad se muestra en salidas de dudosa decencia, conversaciones de toda índole y sobre todo en los momentos más difíciles.
Sinceramente pienso que los fines de semana no serían los mismos sin los partidos de nuestros padres. Los fines de semana no serían los mismos sin tener los nervios causados por lo apretujado de los resultados. Los fines de semana no serían los mismos sin ‘Centenario’. Feliz día del padre para el mejor grupo de personas y personajes del campeonato de fútbol de padres de familia. Espero este post nos valga, a los que alentamos, unas cervezas heladas, unos anticuchos muy bien cocidos y una victoria que de tranquilidad.
[En la foto se ven retratados casi todos los miembros del equipo. Faltan algunos que, intuyo, no pudieron asistir ese día. Faltan algunos que ya no juegan en el equipo por distintos motivos. Faltan los actuales refuerzos y la barra de siempre.]
Ese mismo año, al igual que los anteriores, se convocó a los padres de familia de los recién ingresados a hacer una especie de prueba deportiva. Se acercaron los que, ilusa o acertadamente, pensaban que tenían cierta capacidad para el fútbol y los pulmones suficientes para correr tras un balón por más de media hora. Se juntaron cuarentones, treintones y quizás uno que otro cincuentón consumidor de maca. Entrenaron, corrieron, jugaron, se conocieron. Formaron el equipo de padres de familias de la promoción. Formaron lo que hoy se denomina febrilmente ‘el equipo de los tíos’. Formaron ‘Centenario’.
Creo que mi padre, fanático del fútbol, ese año no sabía del equipo y tampoco del grupo humano formado. Yo, aún con cinco años, tampoco tenía idea alguna de las peripecias de aquellos padres deportistas. Es recién en 1993 que, con las ganas del muchachito futbolero que era y aún es, mi padre comienza los arduos entrenamientos con el equipo de los maduros y correlones masters del balompié amateur peruano.
Confieso que en un principio no sentía las ganas de ver los partidos de aquellos barrigones y a veces no tan varoniles señores. Incluso no entendía las situaciones jocosas en las que, con cerveza en mano, se metían y enredaban cual cómicos ambulantes. Recuerdo que cuando, con la labor de hijo mayor, acompañaba a mi padre a los partidos, pasaba más tiempo jugando con mis compañeros de promoción y ensuciando mis zapatillas ‘Fila’, con una pelota vieja y un tanto magullada, que alentando a los aguerridos integrantes del equipo.
Todas estas cosas cambiaron con el tiempo. Cuando fuimos creciendo, algunos ya no íbamos a ver los partidos ni a jugar en las canchas aledañas con la frecuencia de antes. Pensábamos en otras cosas y ya la idea párvula de andar con nuestros padres resultaba poco decente para el bien social escolar. A veces íbamos, a veces no.
Lo bueno del campeonato confraternidad, es que a pesar que la promoción ha terminado su ciclo escolar, el equipo puede seguir jugando. Esto, claro, si no ha quedado en último lugar, ya que de ser así el nombre desaparece y los jugadores quedan libres para ir hacia otros equipos. Es por esto que, con las ganas de siempre, algunos como yo, nos interesamos por las vivencias y esfuerzos del grupo humano que busca siempre con anhelo batir el arco contrario y, sobre todo, pasarla bien entre chelas y sanguches de chorizo.
No tengo duda alguna que el aliento y el seguimiento incondicional ha aumentado después de nuestra salida del colegio. Al menos yo lo siento así. Quizás es por que nos gusta compartir tiempo con nuestros padres, meternos en la joda, inmiscuirnos en los dimes y diretes, ser partícipes de las bromas de grueso calibre, tomar unas cervezas en son de la confraternidad, dar ligeros gritos en contra del arbitro o porque simplemente somos ‘Centenario’ por los siglos de los siglos, amén.
Aún tengo en mi memoria uno de los momentos más emotivos siguiendo a ‘los tíos’. El año pasado, a pesar de los denodados esfuerzos de los jugadores, los resultados no favorecían a la escuadra mencionada. Estábamos casi en los últimos lugares, al filo de irnos a la baja, al borde de la desaparición de centenario. Quedaban solo dos fechas de las cuales únicamente teníamos una por jugar, ya que la última descansábamos. Una semana antes, mi padre me comenta, con cierto aire a petición, que le diga a mis compañeros de promoción lo importante y descollante que es tener una hinchada en esos momentos. Propagué la noticia con algunos amigos, otros también hicieron lo mismo. El día del encuentro, éramos varios compañeros de promoción, algunos padres que ya no juegan y madres de familia en son de porristas. No recuerdo cual fue el resultado, fue un partido por demás candente e infartante. Los puntos sumados alcanzaban para salvarse de la baja. La barra se metió al campo corriendo y dando alharacas de todo tipo. En un momento los hijos y ‘los tíos’ nos abrazamos en el centro del campo formando una rueda, saltábamos sin cansancio alguno y cantábamos: “No se van… no se van… los tíos no se van”. Me di cuenta que algunos estaban al borde de las lágrimas y otros ya habían roto en llanto.
Tantos recuerdos con los cómicos jugadores. Creo que el grupo humano formado entre padres e hijos es inigualable. No existe equipo similar en este campeonato. Este año, los padres futboleros, andan con algunos refuerzos que se han acoplado como guante al equipo de siempre. Siguen las jodas, siguen las bromas, sigue ‘Centenario’.
Lo único que busco ahora es saludar a los pintorescos señores por el día del padre. Saludar al mío por la responsabilidad y entrega que pone cuando se va a jugar un partido. Que mejor oportunidad que este día para felicitar la formación de esta jauría de maduros deportistas y amigos. Es bueno recordar que la unión entre padres e hijos puede ser muy bacán e interesante, tomarse unas cervezas y andar con bromas de todo tipo, también puede ser un momento genial, que aún de adultos y padres de familia siguen con las mismas tonterías de camerino como si fueran quinceañeros colegiales.
A muchos lectores del blog les interesará poco este tema. Pero espero comprendan que es por un día especial y por una cuestión de fútbol. Es una forma genial de tener presente a nuestros padres, bromear con ellos, compartir con ellos, jugar y alentarlos. Claro, como en todo grupo humano, en ciertas ocasiones las grescas estuvieron presentes, pero sin llegar lejos. Las soluciones se dan en los entrenamientos o en los camerinos con el juego del jabón. La amistad se muestra en salidas de dudosa decencia, conversaciones de toda índole y sobre todo en los momentos más difíciles.
Sinceramente pienso que los fines de semana no serían los mismos sin los partidos de nuestros padres. Los fines de semana no serían los mismos sin tener los nervios causados por lo apretujado de los resultados. Los fines de semana no serían los mismos sin ‘Centenario’. Feliz día del padre para el mejor grupo de personas y personajes del campeonato de fútbol de padres de familia. Espero este post nos valga, a los que alentamos, unas cervezas heladas, unos anticuchos muy bien cocidos y una victoria que de tranquilidad.
[En la foto se ven retratados casi todos los miembros del equipo. Faltan algunos que, intuyo, no pudieron asistir ese día. Faltan algunos que ya no juegan en el equipo por distintos motivos. Faltan los actuales refuerzos y la barra de siempre.]
[Ya sabemos de donde sacó Corito sus poses. De tal palo tal astilla, dicen por ahí.]
[¿Cuánto será la suma de las edades de aquellos jurásicos jugadorasos?]




15 comentarios:
El juego del jabon? No seas pendeeeejo ps jajajaja. Oe y se puede ir a ver los partidos normal? de hecho es un cague d risa
jajajaa! FUE TODO! =D
Broder!!! en vdd si yo tb creo q ha aumentado el "hinchaje" por el equipo y quien sabe si este año nos dan la sorpresa, estan entre los 5 primeros y consiguen el ansiado titulo, por lo menos el primer cambio que sugiero es el imponente patron en el medio de la defensa. Saludos.
[RESPUESTAS]:
Lejano: Claro que se puede ir, es muy bacan. El juego del jabón es la camaradería después del encuentro.
Andrea T : No se a que se debe tu risa.
Carranza: Cannavarro tiene su sitio bien ganado junto a mi padre en la banca y frente al kiosko de cervezas.
los tios no se van no se van no se van los tios no se van (8) !!!!!! jajaja como olvidar el himno de centenario brotr..sUfrimos mas q la barra del mUni aUnq mUchos no lo crean....
De parte de tus tíos Centenarios, muchas gracias por acordarte de nosotros.
Tu Padre
broer en esa foto veo al "pelusa", infaltable en esas épocas, y seguía contando como salvó de la baja a centenario el primer año q jugaron con su gol en la ultima fecha...
cual de ellos es tu papá? en mi cole tambien habia algo asi pero era solo en fulbito y unos cuantos dias nomas, era chevre para que :)Besos cesar!
que wiiina! seguro juegan mejor que Peru jajaja Te cuento Cesar que te vi hace unos días en la univ de lima.. eras tu? :P Que hacías por ahi?? Si puedes me respondes :D besitos!
[RESPUESTA]:Hola. Esteee, pues por lo visto me conoces. Sí, si estuve en la universidad de lima. Estudiaba ahi hasta el años pasado y ¿qué hacía por ahi? Pues se enteraran en unos cuantos posts. Gracias por comentar y me gustaria saber quién eres. Un beso.
Yo siempre he jugado al juego del jabon. Es peligroso jugar conmigo, pero igual los futbolistas caen en la trampa.
[RESPUESTA]: Jajaja. Hola Pepe. Tus comentarios siempre me hacen reir demasiado en serio. Eres el amenizador del blog. Saludos compadre.
Aaaasu! aun juegan!!!??
jejejeje esa gente. Siempre me ha parecido chistosos los partidos de padres de familia. Q dias juegan ahh? y a q hora? Les gritan como el chemo? jajaja saludos brother
Ese ultimo partido se le gano a Aguilas 2 a 1 y con eso nos salvamos. La gente celebraba como si hubieramos ganado el campeonato. Increible pero ya son 16 años y vamos para el 17avo
Jorrolo
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